martes, 5 de abril de 2011

"Guárdeme el puesto": El origen de todo mal


Gracias a que esta sociedad está diseñada para hacer filas por todo, un terrible mal se ha venido propagando en este escenario. El hábil y tramposo acto de pronunciar tres palabras: “Guárdeme el puesto”, frase corrupta y maligna que está carcomiendo las filas de todo lugar.

No hay hasta el momento nada que indique cuándo surgió esa famosa y molesta forma de colarse ‘legalmente’ en una fila. Puede que sea una maña traída por nuestros colonizadores. Piratas y presidiarios que seguramente odiaban hacer la fila para ir por su ración de comida y deseaban salirse de alguna forma sin perder ese lugar que creían ya era suyo, se las ingeniaron para poder evitarla.  Claro, no podían insinuar su magnífica idea ahí, entre ellos mismos, si lo hacían seguramente puño, espada y perdigones les esperaban si intentaban ‘colarse’ de nuevo en la fila. Pero conquistando a las indias, se aprovecharon de su ingenuidad y les lavaron el cerebro para que en ese escenario sí fuese posible poder ‘colarse’ sin necesidad de arco, ni flecha, ni nada amenazante por delante.

Todo el origen es una suposición, quizás fue en nuestras filas libertadoras donde tuvo su punto de ignición: Ya me lo imagino, subiendo por el páramo de Pisba, rumbo al pantano de Vargas, el soldado criollo diciéndole al de adelante: “pssst… oiga, Chitiva (por decir algún apellido) guárdeme el puesto mientras ya vengo que voy a ir a saludar a la hija de la doña de aquella casa…” ¿Y qué podía decir Chitiva? “¡No!, busté que creyó, que estamos acá de paseo o qué… si lo hace lo reporto con mi General Bolívar y que lo pongan al frente de la fila… ¡busté verá!” Eso es lo que a mí me hubiera gustado que le dijera, pero como el “guárdeme el puesto” trae consigo una inmensa dosis de hipocresía, seguramente Chitiva se mordió los labios, apretó los puños y se tragó la respuesta para, en cambio, decirle: “bueno, listo, yo se lo guardo”.

Y es así como creo que fue progresando, lamentablemente, ese carcinoma. Hoy sigue vivo, hoy está latente, se presenta en todo lugar, en cada escenario, en múltiples formas. Es el triunfo silencioso del demonio.

Colombia ama la fila

Ahora sí que le ayudamos a ese demonio a que nos invada. Le facilitamos todo, cualquier trámite que alguien tenga que hacer, es fijo que tiene que ser con fila. Involucionamos a que todo se hace con fila, desde pequeños hacemos fila. Para entrar al salón hay que hacer fila y además, ¡tomar distancia en la fila!... Hasta para el examen de ingreso al ejército ¡hay que hacer fila!

El lugar más común donde todo ciudadano llega a hacer fila es un banco. Este es el reino de las filas (Claro que también está el imperio del Seguro Social). Los banqueros son como Charlie con su fábrica de chocolates, sólo que ellos fabrican filas. Filas en todas sus presentaciones: fila para clientes con tarjeta, fila para clientes sin tarjeta, fila para clientes exclusivos, fila para no clientes, fila para entrar, fila para salir, fila para pedir las vueltas, fila para preguntar donde hace la fila; en fin, fila, fila, fila…

Con el caldo de cultivo ideal, sólo queda poner en acción el demoniaco “guárdeme el puesto”. Cuando usted ya vio que le tocó hacer la fila más larga, que se sale de las cintas guías que la demarcan; que es la fila atendida por apenas una sola persona, que es la más lenta, la que más crece y la más heterogénea, no le queda más que respirar profundo, relajar los músculos y caminar hasta el último lugar y disponerse a hacer la fila…

Resignado, usted se asegura de que su transacción ya esté debidamente diligenciada antes de ingresar al último lugar, incluso cuando se da cuenta de que alguien más también se dirige a su misma fila, usted sacrifica la carrera que le puede dar el puesto por delante de esa persona con tal de que a usted no le falte nada, ni el esfero de reserva por si las moscas… Y cuando ya está en la fila, pasan los minutos, usted si es de buenas ha avanzado un par de pasos y siente alivio cuando nota que alguien más viene hacia su fila, usted ya no es el último, alguien más lo será. Una fraccionada sonrisa se dibuja en su cara. Momento ideal para que el diablo ataque. El que está adelante suyo, con docenas de papeles en las manos, el que usted dejó ganar, ese al que usted dejó llegar primero, como puede se esculca por todo lado, se auto requisa de pies a cabeza buscando quien sabe qué, pero no lo encuentra, entonces se voltea ni siquiera le hace contacto visual y al mismo tiempo que procede a abandonar la fila, sincroniza el movimiento del zapato con la boca y de repente se escucha: “¿me puede guardar el puesto un momentico?”

Usted sabe que esas palabras fueron para usted, pero usted no responde, no hay necesidad, ese sujeto da por entendido, sin ni siquiera mirarlo que usted ha aceptado guardarle su lugar. ¿A qué se va? ¿Por qué abandona la fila? ¿Es un cobarde? ¡No! El cobarde es usted por no responderle: NO, NO LE GUARDO NADA. El sujeto aquel empieza a desfilar por todo el banco, de puesto en puesto, preguntando aquí, consultando allá y mientras tanto la fila detrás de usted sigue creciendo más y más.

Justo cuando han pasado como dos días de espera en esa fila (o sea como media hora en mi reloj exagerado) y faltan dos personas para que usted quede en la cabeza de esa fila que hacia atrás es incontable, aparece otra vez aquél desgraciado. Y para hacer notar más que había dejado a guardar el puesto, empieza a buscarlo desde la parte de atrás de la fila. “Con permiso, perdón, permiso… es que yo estaba allá adelante, él me está guardando el puesto”...

Usted por dentro se vuelve un átomo de actinio… o sea inestable, ¡bum! A punto de explotar… (Repasen la tabla periódica porfa…) y cuando no se aguanta más y se va a desahogar, dispuesto a cantarle la verdad, él le dice “gracias” y usted queda desarmado, impávido viendo cómo aquel no hizo la fila y ahora está a punto de seguir a la ventanilla con docenas de papeles que seguramente le pasará a la cajera de uno en uno…

Ese sujeto ha creado en usted la bomba perfecta, y usted, mientras tanto, imaginándose qué estarán pensando los de atrás.

Las modalidades

Estas son varias artimañas que usan para colarse en una fila con la mencionada frase. Por ejemplo, cuando usted se ha ‘comido’ dos horas de fila y la señora que está adelante le dice: “¿Me cuida el puesto?… es que mandé a mi hija al cajero automático por la plata y no llega; voy a ver qué pasó”… ¡SEÑORA! ¡¿PARA QUÉ DEMONIOS HACE FILA SIN PLATA?!

O qué tal, cuando otra señora como cinco puestos adelante suyo, a punto de llegar a la cabeza de la fila y empieza a decirle a cada sujeto que viene detrás de ella: “¿Me cuida el puesto? Yo voy acá, es que mi esposo está llenando el formulario de impuestos pero parece que no ha terminado y yo ya estoy haciendo la fila” ¿Y? ¿PARA QUÉ CARAJOS HACE LA FILA SI SU ESPOSO NO TIENE NADA LISTO? ¿LE FASCINA HACER FILA? No lo que le fascina es ponernos a usted y a mí de mal genio.
Y esta es olímpica: “¿Me puede cuidar el puesto? Voy a ir a preguntar si puedo pagar en otro lado” Ojalá le digan que no puede pagar en ningún otro lado y cuando vuelva, usted ya no esté con eso ni otro lado ni puesto guardado ¡JAJAJAJA!

¡De frente y con valentía!

Así como para evitar embarazos no deseados o alguna ETS la manera más fácil es decir NO, así mismo para reeducar a esta recua descontrolada, lo más fácil es responderles NO cuando le pregunten "¿me guarda el puesto?"

Cuando usted diga NO, va a crear múltiple conflicto. El que le está pidiendo que le cuide el puesto se va a bloquear, su cerebro va a sufrir un corto circuito. Por primera vez escuchará una respuesta y será negativa. No se va a poder salir con la suya.

Seguramente, él va a lograr reaccionar como víctima y lo intentará poner a usted contra las cuerdas con una contra respuesta como: “uich… qué grosero” No importa, usted devuelva ese golpe con este otro: “No me pregunte que si le guardo el puesto a mí solamente, pídanos a cada uno de los que estamos detrás suyo el favor y si hay consenso pues ahí sí, le guardamos el puesto, pero no me entregue la responsabilidad de su puesto a mi porque yo no soy el único de la fila”… ¡Usted acaba de mandar un gancho de K.O.! Lo va a dejar perdido, ahogándose, sin probabilidades de retorno. ¡Usted va a sentar un precedente en ese banco!

También puede usar granadas como esta: -“¿Me guarda el puesto? Voy a mirar si tienen el formato para clientes”-. –“No, no le guardo el puesto porque la fila se hace cuando uno ya trae las cosas completas y sería injusto con los demás que están detrás mío y suyo, y sí traen todo listo”-.

Y si quiere usar el arma sarcástica, simplemente diga: “Le guardo el puesto, pero le cobro 20 mil, porque estamos en un banco y aquí nada es gratis”.

Claro que puede haber excepciones. Hay momentos en los que usted amablemente puede guardar el puesto, por ejemplo si la persona que está adelante ese día tiene problemas digestivos y no puede apretar más y la fila ha sido tan demorada que el poquito tiempo de pausa se le agotó. Listo, no hay problema. Dígale que sí , sí le cuida el puesto mientras él huye despavorido en búsqueda de un baño y deséele suerte para que no tenga que hacer fila allá también.

Yo, por ahora, no escribo más, porque dejé a una pobre víctima cuidandome el puesto en el banco, usando sus mismas tácticas, no la miré y ni le di el más mínimo chance a que respondiera. Le dije “¿Me cuida el puesto un momentico mientras voy hasta mi casa, almuerzo, escribo una nota para mi blog y vuelvo?” Ahora que regrese (ojalá que ya esté llegando a la cabeza de la fila) debo continuar con la función y atravesar toda la fila señalándola y diciendo: “Es que ella me está cuidando el puesto”.

Twitter: @alejodiceque

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