martes, 5 de abril de 2011

¡30 años y soltera!

ADVERTENCIA: Niña, atención, si usted está en una edad cercana a la mencionada y su estado civil es como el del titular, por favor no lea esta nota, porque no le va a causar ninguna gracia y le puede hacer doler su autoestima…

La historia dice que el mundo se sacudió en la década de los 30. Todo se derrumbó, el golpe fue incontenible y el desespero alcanzó infinitas proporciones. Fue común encontrar suicidios causados por la devastadora crisis. A pesar de los esfuerzos globales por contenerla, las consecuencias fueron evidentes: ¡cumpleaños número 30 y TODAVÍA Soltera!

No, no se trata del desplome de la Bolsa de Nueva York, esa crisis no fue tan dura; en cambio, ser SOLTERA de 30 años es una hecatombe social que se origina en una sola persona incapaz de evadir la soltería.

El número 30 es un gran muro que todas atraviesan y que del otro lado las clasifica en afortunadas o condenadas. Mujer que llegue a los 30 del otro lado del muro casada, con un anillo que la ate, más que a un hombre, al hecho de no pertenecer al otro grupo, es una mujer afortunada. Todas, absolutamente todas matan, comen carroña, bajan al infierno y besan al diablo, hacen lo que sea por quedar dentro del grupo de las afortunadas. Es una pelea espermatozoica por conquistar no un óvulo, pero sí un anillo que las lleve al edén de la palabra: ‘casada’.

Pre avisadas

Ha de ser cuestión genética, pero todas lo saben o lo intuyen, está en su instinto que la única vacuna contra la crisis de los 30 años es ese bendito anillo. No hay otra fórmula ni escape. Sin el anillo ellas saben que van a tener que afrontar la crisis, por eso desde que aprenden a hablar ya juegan al papá y la mamá, porque ya se entrenan, por instinto para luchar por ese anillo.

También fueron las que se inventaron el jueguito del papel y los numeritos. Y el jugador debe decir cuántos años tiene y el nombre de tres mujeres y tres cifras distintas y bla bla bla para que al final el resultado sea: Se va a casar con tal a la edad tal y va a tener tantos hijos. ¡El instinto las lleva a eso! ¡Es su felicidad!

Y por ahí mismo desfilan las escondidas americanas y el jueguito de la botella, porque por instinto, casi que desde que aprenden a caminar, se andan entrenando para el día D.

Además, para fomentar la preparación hacia el logro del anillo, ellas se ayudan del montón de biblias que pululan en el mercado: ‘sex and the city’, ‘El diario de Bridget Jones’, ‘Dawson’s creek’ y hasta ‘Desperate housewifes’. Ellas se devoran este tipo de series y cuanta novela transmiten fantaseando con el mismo final, el de la boda; porque claro, para ellas no puede existir un mejor final. Nunca una historia podrá acabar con la inauguración de una miscelánea o un trabajo de parto en un hospital o alguien saliendo de una embajada con la visa aprobada, por ejemplo. No, ellas quieren su único final posible que es ver a la protagonista casándose, no existe más felicidad.

Revolución

La revolución feminista se presentó a lo largo del siglo XX y con ello una consecuencia bien especial para las solteras: Una lucha abierta y desgarradora por el matrimonio. Ya no quedó en manos de papás y mamás la escogencia de maridos para ellas. Ahora, ellas mismas tenían que salir al mundo a cazar su propio marido.

Esa lucha las llevó a usar todo tipo de artimañas y estrategias para conseguir su objetivo de no llegar solteras a los 30. Se convirtieron en vaqueras buscando becerros para enlazar. Su intención de caza las lleva a hacer cosas como aprender a cocinar, lavar, planchar, a guardar sagradamente las tardes de los domingos para ir de visita al batallón donde su ‘becerro’ presta el servicio.

Aceptan ir a fútbol, ver películas de acción, a comer pollo con la mano, aprenden a jugar Play Station, a usar aparatos electrónicos, incluso hasta comprar la Soho por iniciativa. Todo para asegurar el potencial anillo.

Y cuando creen que lo han dado todo pero no ven resultados, optan por la caza en el extranjero. Usan sus últimos cartuchos en busca de un marido de mayor categoría, lo cual puede resultar en doble recompensa: Casada y con ‘gringo’. Pero si esa opción se frustra, hay muchas que optan por atrapar cualquier turco panzón que les ponga el anhelado anillo, antes que quedarse solteras a los 30.
  
Todo se derrumba

Si llega el cumpleaños 29 y ellas ni siquiera tienen novio, entran en la crisis de los 30 prematuramente. Su cerebro no es capaz de albergar más información que soltera, soltera, soltera y cuando le recuerdan que ya viene el número 30, se bloquea. ¡plop! Un síndrome autista recorre su interior. Sus pupilas se dilatan y pierden el horizonte, sus movimientos se adormecen y apenas si logran respirar.

La palabra celebrar para una soltera que va a cumplir 30 se convierte en un insulto aberrante. Si existen estadísticas al respecto, deben concluir que este debe ser el cumpleaños menos festejado en el mundo.

La fecha es inevitable y la pobre condenada empieza a sufrir la metamorfosis. Los cambios son infinitos. Automáticamente deja de ser soltera, porque pasa a ser SOLTERONA, y sus deseos de ser mamá se reprimen con el de ser tía. A cuanto niño ve nacer se le ofrece ser su tía, así el niño sea el de la empleada del servicio, ella quiere a como dé lugar ocupar ese puesto.

Si llega a estar invitada a un matrimonio, se vuelve la dama de honor, la madrina, la que organiza, la que va, la que viene, la que hace y deshace y en la fiesta de despedida, ella asume que esa por fin es su fiesta… Ella es la que termina gozándose todo el espectáculo preparado para la novia, ella es quien se desgarra a grito enardecedor cantando ‘Put a ring on it’.

¿Y después?

¿Qué rumbo toman las mujeres que ya no se casaron antes de 30? Las que alguna vez abrieron demasiado las piernas seguirán con sus hijos de padre NN, muchas de ellas, intentando resucitar el espíritu de cazadoras, en reuniones de padres de familia, piñatas y hasta supermercados, en procura de algún viudo o separado que ande suelto.

Otras encuentran por fin paz, uniéndose a la iglesia, hoy día cualquier iglesia. Es más, si no es católica, quien quita que por accidente el pastor sea soltero...

Las que se vuelven las mejores tías del mundo terminan en algún colegio como profesoras de matemáticas o botánica.

Otra gran porción le da vida y rentabilidad a la variada oferta de citas en línea. Gracias a las solteronas, Match.com y Eharmony.com ya prestan sus servicios en el mundo entero.

Tal vez las que ni siquiera logran obtener pareja en Internet, del desespero son las que toman como salida los grupos feministas y dedican el resto de sus vidas a embestir contra esos mismos sitios, entre otras cosas.

Hay quienes se llegan a entusiasmar al mismo nivel de una noche de bar, con el plan de doblar medias encerradas en casa los fines de semana.

Y sin duda alguna, muchas se cambian de equipo, se cambian el ‘chip’ y buscan otro XX, mandando al olvido al XY que nunca les llegó.

Toda una vida luchando por ese anillo que las inspira, lástima por las que se pasan de la edad de 30 y pasan de inspirar a aspirar a sobrevivir de algún modo; pero, si fuera por ellas, se amputarían ese anular desnudo que las condenó a tomar otro rumbo, ese anular que se convierte en su memoria, en su karma, en su fracasado pasado que las desligó de ser casadas. ¡Qué desgracia: 30 años y su dedo anular, VACÍO!

Twitter: @alejodiceque

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